Welcome Back...

E
ste lugar está pensado para subir todos mis escritos, tonterias y algunos sueños; aquellos regados por otros lugares, mientras algunos nuevos se van colando.



Lashiel

26 sept. 2012

En carne propia.

Para adictos a la Escritura. Ejercicio de septiembre: "El mes del asco".
...

“He vivido y he gozado todo lo que la vida me ha dado. No me queda remordimiento alguno. Adiós Marie”.
Aquellas palabras se guardaban apenas en una nota ensangrentada, justo al lado del cadáver destazado de un chico de no más de treinta años.
La tarde había sido muy tranquila, podría decirse muy “aburrida”, hasta que un llamado me sacó volando hasta la escena del crimen.
-Jack. Tenemos un homicidio en Merie Street y Saint Journal.- Olvidó mencionar el número, pero al llegar, fue evidente que no era necesario.
Aquel lugar, un sitio semipoblado, despejado a las horas laborales era la dirección del caso. Una casa pequeña, de tres niveles, totalmente descuidada y sucia. Al entrar el hedor a muerte despejó mis fosas nasales, pero aquello solo fue la bienvenida.
El equipo forense se hallaba trabajando en la cochera, donde al parecer todo había terminado; pero pronto me di cuenta de mi error. Justo cuando pise algo, que instintivamente pateé. Aquello suave y gomoso, un trozo de piel y grasa. Levanté una ceja y con curiosidad lo examiné. Apestaba a feromonas y adrenalina.
-Jack. ¿Estás ahí? Ven rápido.- Uno de los tenientes supuse.
Al llegar hasta ahí. Aquello era inefable. La cocina, un matadero. Trozos pequeños y pedazos enormes de cuerpos; hombre y mujeres, cual carne en carnicería. La pileta llena de sangre y sobre el fregadero bolsas llenas de vísceras; pero ninguna pista de las cabezas.
Para los forenses aquello era un trabajo más, para mí una pesadilla cotidiana. Entonces escuché susurrante una voz que me llevó hasta la cisterna. Limpia, demasiado. Las voces aumentaban y aún así no les entendía. Hasta que abrí la compuerta y les vi. Docenas de cabezas envueltas en plástico me miraban. Sus ojos seguían los míos y en un instante no pude más…
-Te gusta. ¿Verdad? Perra… mi dulce puta.- No veía nada, pero le escuchaba. Mi cuerpo cansado y adormecido revivía a cada golpe, a cada corte con cada descarga.
Entonces lo sentí. El calor ardiente, al rojo vivo de un cuchillo sobre mis tetillas; y de pronto. ¡Sassss! Un grito sin fuerzas se escurrió de mi boca. Pero el cuchillo volvió. No lo podía creer. Intentaba como pude escapar, abrir los ojos, pero con cada intento, algo se clavaba en mis muslos después del sonido de una explosión.
No podía moverme, aquello me dejó clavado a una silla. Y entonces se detuvo. Pero en lugar de calma, el miedo me arrebató. Sus pasos suaves y el murmullo del cuchillo afilándose en la piedra desgarraban mi corazón. La sangre en mi boca, la falta de dientes y el picahielos perforando mi lengua. Todo aquello además del silencio, aumentaba el tic tac de mi corazón.
Moriré, era lo único que daba vueltas en mi cabeza. Mientras el odio y el rencor iban y venían. El nombre de Susan recorrió mi cabeza. Solo para detenerse bruscamente. Mi cuello fue cercenado y todo aquello se desvaneció.
Al regresar a mí. Tenía la lengua de fuera, las manos sobre la garganta e hincado en el piso mi esfínter cedió, envolviéndome en mis fluidos corporales.
-Calma Jack. Ya todo está bien.- Una suave y fuerte voz de mujer intentaba aliviar mi pecho. – ¿Le has visto? ¿Sabes quién fue?- No podía hablar, el shock fue tan severo que mis cuerdas bucales las sentía cortadas.
Aquella chica me levantó y ayudándose de un pañuelo limpió mi rostro. Lentamente fuimos hasta el garaje. Y ahí dentro sobre uno de sus muros estaba Él. Su cuerpo desnudo, con los genitales cercenados y dejados en su boca, se erguía en posición de Cristo en la cruz, pegado por docenas de clavos de una pistola hidráulica.
Lentamente anduvimos hasta ahí, mientras que los detalles volvían a mí. La silla llena de hoyos, los cuchillos de puntas fundidas y un soplete de buteno a dos pasos. Pero cuando llegué hasta su cadáver me di cuenta que en su boca, sus genitales se mantenían fijos gracias a un picahielos. Sin darme cuenta, sin sentirlo, lo jalé.
Entonces todo se volvió rojizo y sus ojos me miraron y por un instante le oí decir:
-Serás el próximo…Sirena…-
 Caí al piso mientras mis ojos la buscaban a “Ella”, quien sonriendo angelicalmente entrelazó su mirada a la mía.

3 comentarios:

  1. ¡Hola! Es un relato realmente aterrador, me asuste mucho, medio entendí la trama pero me perdí un poco al final, creo que es un relato muy sugestivo y bien llevado respecto al tema aunque el final parezca sin sentido a primera vista.

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  2. Graaacias. Sí no encontré palabras para expresarme mejor. Pero con práctica :)

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  3. Muy, muy interesante, pero me pierdo con el final no comprendo de que va.....
    Pero la idea de la historia me gusta bastante.
    Saludes

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